CRÓNICAS DE HEMINGWAY
En el frente de Aragón
Cuando llegamos hasta los americanos, estaban tumbados bajo unos olivos junto a un arroyo. El polvo amarillo de Aragón soplaba sobre sus cuerpos, sobre sus ametralladoras cubiertas, sobre sus rifles automáticos y sobre sus cañones antiaéreos. Soplaba en nubes cegadoras levantadas por las pezuñas de los animales de carga y las ruedas de los transportes motorizados. Han combatido con las primeras tropas españolas del nuevo ejército gubernamental, han tomado las cumbres y el pueblo de Quinto, fuertemente fortificados, de un modo ejecutado con brillantez, han participado con tres brigadas españolas en el asalto final a Belchite, tras haber sido cercada por el ejército español. Tras la toma de Quinto, han desfilado veinte millas campo a través hasta Belchite. Se han apostado en los bosques de las afueras del pueblo y han avanzado con las tácticas de guerra de los indios, por último, se reunieron con las tropas españolas que avanzaban por el otro lado y rodearon la catedral, donde cuatrocientos hombres de la guarnición del pueblo seguían resistiendo.
En el Frente de Teruel
Avanzamos arrastrándonos con las manos y las rodillas sobre el trigo y la paja con olor a limpio dentro de la oscuridad del refugio subterráneo de la línea de fuego. Las columnas anarquistas se habían apostado en los cerros más altos durante ocho meses, sentían tanto respeto por el problema que evitaron todo contacto con el enemigo. En muchos lugares, los viejos frentes que vimos quedaban a entre uno y tres kilómetros de la alambrada del enemigo
En Madrid
Ahora Madrid está tranquilo. El frente activo se encuentra en Aragón. Hay pocos enfrentamientos en Madrid. Las ciudades se bombardean muy poco. Algunos días no hay bombardeos, el tiempo es estupendo y las calles están llenas. Las tiendas van tomando color y la gente comienza a acudir a ellas
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